La casualidad hizo llegar a mis manos este librito. "Lengua checa para salamandaras". Podría haber elegido cualquier otro, pero preferí este, que se ha convertido en mi mejor amigo. Ya me lo sé completamente de memoria y, a pesar de ello, encuentro en él fuente de entretenimiento y enseñana. Es un libro precioso.
Sobre Letras checas
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El primer libro de un escritor checo que leí (antes de saber que era checo, mucho antes de saber que sus libros no habían sido escritos en checo, sino en alemán) fue El proceso. Tenía catorce años e, inmediatamente después, seguiría con El castillo. Al punto que el recuerdo de ambos libros, aún hoy, y a pesar de las relecturas, siguen fundidos como si fueran uno solo. El tercero, apenas más tarde, fue La metamorfosis. El contenido de esos libros, (especialmente el de los dos primeros), en aquellas lecturas eran en más de un aspecto, para mí, incomprensibles, pero aún así, (o quizás justamente por ello) al mismo tiempo fascinantes.
Un par de años más tarde, cuando el foco de mi atención se había instalado en la ciencia ficción, el autor que llegó a mis manos, luego de una y otra y otra recomendación de libreros amigos, fue Karel Capek, a través de La guerra de las salamandras. Para aquellos años (mediados de los 90) internet no estaba al alacance de las manos (o no de las mías por lo menos) y el único modo de poder acceder a R.U.R. (con la edición de Helena Voldan ya descatalogada hacía años), o a La vida de los insectos, o a El caso Makropolus era acercándome hasta la Biblioteca Nacional, para leerlos en una sala inmensa, en medio de un silencio abrumador.

Y si bien ya otras casualidades forzaban mi vínculo con el país de Havel y Masaryk, (el 9 de mayo, el nombre de un semidesconocido jugador de fútbol, la historia de Cristian Rudzky), el encuentro casual con La insoportable levedad del ser, perteneciente a un autor del cual hasta entonces nada conocía, consiguió hacer el resto.
Con los siguientes nombres que, ya de manera intencionada, fueron apareciendo (Meyrink -aunque extranjero, otro praguense alemán-, Neruda, Hrabal, Hasek) la sensación de que había del otro lado del océano, en una pequeña porción de Europa, utilizando una lengua extraña, todo un país (y una historia) que a través de su literatura y de sus traducciones (y de las traducciones de sus traducciones) reclamaba ser descubierta, se hizo presente.
La sumatoria de lecturas, y la cantidad de nombres que seguían (y siguen) apareciendo (Klima, Skvorecky, Lustig, Kohout, Seifert...) fueron forjando el deseo de encontrar una válvula de escape, un lugar, en el cual volcar esas piezas de rompecabeza, en las que se convertía cada página, cada libro y cada autor que iban apareciendo. Para ir, de a poco, dando forma al cuadro que de los deseos, los temores, las luchas, las esperanzas y la historia -con sus marchas y contramarchas- (de cada país) se desprende.
Así fue que nació Letras Checas, hace ya 10 años, y así han surgido las publicaciones (a veces simples transcripciones, a veces un poco más que eso, a veces respuestas a una ambición, quizás, desdmedida) que desde entonces hemos ido compartiendo.

